¿Por qué le llaman neoliberalismo cuando siempre ha sido codicia?
Definición
atávica del concepto CODICIA: Deseo excesivo por la obtención de riquezas,
placer, estatus y poder. Las viejas religiones siempre la han considerado pecado
capital contra la ley divina.
En 1938 el sociólogo y economista alemán Rüstow en el
Coloquio Walter Lippmann acuñó el término neoliberalismo para partiendo del
liberalismo clásico crear una corriente filosófica intermedia entre fascismo/nazismo
y socialismo/comunismo por considerar que todas estas opciones habían
fracasado.
Cuarenta años más tarde el movimiento neoliberal se normalizó mundialmente
gracias al liderazgo de los influyentes gobiernos de Margaret Thatcher
(1979-1990) y de Ronald Reagan (1981-1989) asimilado más
tarde por lo que Clinton definió como la Tercera Vía en EEUU y Blair, Schröder
y Zapatero en la Unión Europea.
Mediante
promesas insostenibles e instituciones ocupadas básicamente en promover
en el mercado nuevos mecanismos acaparadores y en establecer complicidad con
los negocios y el capital, se puso fin a una época
de social democracia y liberalismo progresista.
Y en la década
de los 70 al concepto CODICIA se le cambió la definición: Doctrina de la
satisfacción de deseos individuales y la búsqueda del beneficio propio,
esperando que el bien de los demás venga por analogía. Y también se la libero
del estigma atávico con un nuevo nombre: neoliberalismo.
De inicio sus objetivos prioritarios fueron el libre comercio, reducir al
mínimo la participación del Estado, privatización salvaje de lo público, reducción
máxima del gasto social, propiciar la desregulación financiera, reducción de
impuestos a las personas más ricas con el supuesto fin de impulsar una economía
de la oferta que teóricamente actuaría según la teoría de la filtración
descendente, también conocida como “teoría del derrame”, y esencialmente acelerar
al máximo el proceso de globalización. La competición por ver quien ocupaba el
primer puesto en la lista Forbes había empezado. Tonto el último.
En sus inicios los defensores del neoliberalismo económico dogmatizaban
que era un sistema rotundamente basado en la igualdad y la justicia. Obviaban
que eso podría haber sido cierto si todos los participantes en el juego
neoliberal partiesen de la misma casilla de salida. Pero sin capacidad
económica la mayoría de seres humanos no tendría acceso a oportunidades y sin
el igual acceso a oportunidades no es posible ni la igualdad ni la justicia que
prometían. El juego neoliberal lo iniciaron haciendo trampas.
¿De verdad que absolutamente nadie advirtió que aunque le llamasen
neoliberalismo en verdad era la vieja codicia a escala planetaria?
Tras medio siglo de aplicación las consecuencias negativas del
capitalismo neoliberal ya son imposibles de ignorar. No solo han contribuido a
acontecimientos tan traumáticos como la crisis financiera de 2008, sino que también
al desarrollo de otras tendencias destructivas y difíciles de solucionar a
corto plazo como la creciente desigualdad, el menor crecimiento, la destrucción
del medio ambiente y la generación de conflictos sociales y geográficos que van
en aumento.
Según el último informe anual de riqueza
global de Credit Suisse de 2021, producido por los economistas Anthony
Shorrocks, James Davies y Rodrigo Lluberas, el 1% de la población adulta (56
millones de millonarios) poseen el 45% de toda la riqueza global. El 99%
restante de la población adulta mundial (casi 3.000 millones de personas con
poca o ninguna riqueza) está forzada a subsistir con el 55% restante.
El dato ya es escandaloso para el 2021 pero es
de esperar que en los próximos años ese 1% de millonarios que lo tiene todo intervenido
con el viento a favor no dejará de continuar acaparando riqueza sin freno en
detrimento del 99% que como es natural se seguirá reproduciendo y en breve
superará ya los 3.000 millones de personas.
¿De verdad que la legalidad internacional
abala el desastre antropológico que se avecina?
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