¿Donde reside la creatividad?
Todos hemos
visto utilizar la bombilla como icono gráfico de la idea y la cabeza humana
como la responsable de tenerla. Sucede algo parecido con el amor ¿Alguien sigue
pensando que el amor reside en el corazón? Pero seguimos pintando corazones para
expresar amor.
Después de
años precisando tener ideas para salir adelante he llegado a dudar que sea
cierto que se generen en la cabeza. La experiencia me lleva a tener una teoría
diferente.
La Ciencia ubica
la creatividad directamente en el cerebro. La Filosofía la llama inspiración y debate
si pertenece o no a la levedad del Ser. La Religión la denomina revelación y la
casa sin discusión con el alma. Pero yo creo que nadie acierta realmente a
decir dónde está alojada lo que denominamos creatividad.
En un proceso
creativo profesional, en el que hay un presupuesto, una fecha de presentación inicial
de la idea, otra fecha de entrega final para producción, y mi prestigio
profesional en juego, lo primero que a mí me confirma que he entrado en proceso
creativo es mi aparato digestivo.
Cuando me
planteo un reto o acepto un encargo ajeno, esa es la zona del cuerpo, estomago,
intestinos e hígado, en la que de inmediato siento que su actividad normal se
altera y se mantiene alterada hasta finalizar todo el proceso.
También cambia
mi conducta habitual. Es como si estuviera enamorado. Desaparece el apetito. Me
encierro en mí mismo. Los cercanos me ven como ido. Los íntimos ya saben lo que
pasa y como lo han vivido otras veces amablemente me facilitan las cosas.
Mi cabeza os
aseguro que siempre entra en segunda fase. Va recogiendo y almacenando
información, analizándola, concretando opciones. Ella se mueve únicamente en el
mundo de la lógica. No es partidaria de volar demasiado alto.
Creo que
tenemos la sensación de que la cabeza es el centro de mando porque todos los
sentidos convergen en ella. Si tuviésemos los ojos en la barriga, la nariz
sobre el ombligo convertido en una pequeña boca y las orejas situadas a ambos lados
de la cintura ¿no nos parecería que el centro de mando lo tendríamos en los
riñones?
El
corazón también participa. Se altera significativamente en un momento creativo
concreto, exactamente cuando estás convencido de haber encontrado la respuesta
creativa perfecta, de haber tenido la suerte de topar con la idea original que andabas
buscando.
Y sobre todo late
con fuerza desbocada el día de la presentación oficial en primicia de la
propuesta creativa final.
Entonces la
arritmia la provoca el temor a la discrepancia. Después de días de trabajo los
presentes en la presentación decidirán en minutos. Y te diré sinceramente que si
no se siente ese temor no se está proponiendo nada relevante. Presentar simples
versiones de lo que ya existe disminuye significativamente ese temor. A propuesta
creativa más avanzada más desasosiego en la presentación.
La mayoría de las
personas que han activado su creatividad les resulta difícil plantear ganarse
la vida con esa habilidad y mucho menos en un estado como el español. Así que
cuando emplean su talento lo hacen sin pretender nada serio. De forma
descontrolada y sin el ánimo de enmienda necesario para perfeccionar la técnica
y acabar definiendo un método profesional propio.
Allá por los
años ochenta del pasado siglo, Guy Aznar, director de Synapse, padre de la investigación de mercado en
España, me describió de esta forma tan contundente la diferencia entre lo que
él definía como la creatividad casual y la creatividad profesional. Decía Guy
Aznar;
-“La diferencia entre la creatividad casual y la
profesión de creativo se podría representar mediante la siguiente metáfora.
Los que nunca han pensado en vivir de
su creatividad cuando disfrutan de su talento lo hacen como si desamarrasen un
velero del pantalán y se adentrasen sin rumbo fijo en el mar de la sin razón.
Finalizado el paseo de recreo, de allí donde estén vuelven
a la costa y amarran el velero en cualquier puerto que tenga un pantalán con un
amarre libre.
Los profesionales
de la creatividad desamarran el velero del pantalán, salen a mar abierto rumbo
fijo al horizonte con una singladura bien marcada. Y una vez completada, los
profesionales son capaces de volver al mismo puerto costero del que partieron,
al propio pantalán y atracan en el mismo amarre en el que todo empezó”-
Me parece una
perfecta forma gráfica de establecer la diferencia que existe entre las dos
formas de vivir la creatividad de todos los que se han atrevido a vivirla. Son
mayoría los que la practican como entretenimiento y minoría los que viven de
ella.
Que sería de
una buena idea sin unas manos que la pasaran al papel, a la arcilla o al
instrumento musical. Sin unos ojos que decidieran colores, encuadres, estilos.
Sin el oído que eligiera entre tipos de instrumento, notas y silencios. Sin una
boca que fuera capaz de exponer la idea. O sin un cerebro que almacene,
analice, recuerde…
La imaginación es
el sustrato de la creatividad, es decir, primero imaginamos y luego trabajamos para
materializar lo imaginado. Sin imaginación previa
no hay creatividad final. Un 1% de inspiración y un 99% de transpiración, dicen.
Finalmente
confieso que mi creatividad está instalada allí donde reside mi actitud. Y ¿donde
es? ¿en qué víscera la sitúo? No siento que surja de un lugar concreto de mi
cuerpo. Para explicarme utilizaré también una metáfora.
La actitud la presiento
situada fuera de mí, algo similar a lo que sería la Nube de Internet. Un acumulador
de conocimiento ilocalizable y mi cuerpo, como el de todos, únicamente es un terminal
biodegradable que la actitud ha empleado para interactuar.
Cuando mi cuerpo colabora, no intenta imponerse y confía en la nube, es cuando
aparece mi mejor actitud.
Si renuncias a
ella como dice el profeta Khalil Gibran
“nunca reirás todas tus risas ni llorarás todas tus lágrimas”
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