Lógica Vs Imaginación

Si preguntásemos ¿qué fue primero la lógica o la imaginación? la respuesta más probable que obtendríamos de la mayoría de encuestados sería que primero fue la lógica. 

Generalmente las personas creen que a través de la lógica se llega a la imaginación. Como es natural con ese planteamiento muy pocas son las que lo consiguen y las raras veces que el milagro sucede no acostumbra a resultar algo transcendente.

La imaginación no tiene más lógica que la de haber sido inventada, es cierto, pero no es menos cierto que históricamente los límites de la lógica se han ampliado y siguen ensanchándose mediante nuevos y probados resultados obtenidos gracias a haber aplicado antes la imaginación.

La imaginación permite explorar y la lógica guarda la memoria de todos los resultados obtenidos. Tanto errores como aciertos. Ante un reto la lógica busca primero en sus archivos y si no hay información al respecto es cuando cabe la posibilidad de abandonar el reto o de afrontarlo con la imaginación. Evidentemente la posibilidad de errar y hacer el ridículo provoca que la inmensa mayoría de las personas prefieran abandonar.

Si estuviésemos en un espacio desconocido totalmente oscuras la lógica nos persuadiría de que nos mantuviésemos quietos hasta que alguien encendiera la luz. La imaginación nos llevaría a palpar a gatas para descubrir el espacio desconocido en el que estamos a ciegas.

Lo que habitualmente entendemos por locura, al igual que sucede con lo que definimos como cordura, no son dos únicos e inamovibles estados mentales únicos y concretos. Existen tantos tipos y grados de locura como los hay de cordura. Y, en el extenso abanico de estados del desvarío, en el extremo más cuerdo de la locura, justo cruzada la frontera, ahí se encuentra la estrecha franja que frecuentan los que han aprendido a utilizar su imaginación.

Seres normales y corrientes que han aprendido a traspasar la línea divisoria y después, trayendo con ellos su valiosa cosecha de locura, vuelven a este lado de la vida, al de la cordura. La imaginación no es más que eso, contrabando fronterizo.

He tenido la inmensa fortuna de haberme ganado la vida imaginando y desde esa constatable experiencia vital he logrado hacerme una idea aproximada de las distintas actitudes que adoptan las personas respecto a la cuestión de la imaginación y las definiré.

Como resulta difícil platicar sobre temas abstractos como la imaginación o la lógica, propongo utilizar una imagen para visualizar las distintas aptitudes de las que hablo.

Primero, a vista de pájaro, imaginemos una gran playa de arena dorada justo a las doce de la mañana. El sol cae vertical. El mar está algo agitado. El vaivén de las olas crea una línea indecisa que avanza y retrocede en la función de delimitar donde acaba la arena y donde empieza el mar.

Seguimos imaginando. Desde el cielo vemos unas mil personas que permanecen tumbadas en hamacas. Toman el sol entre un centenar de sombrillas coloristas repartidas anárquicamente por toda la playa. Otras personas, una docena aproximadamente, están de pie justo al límite de la arena con los pies intermitentemente bañados por las olas. Tres bañistas se han atrevido a meterse hasta donde aún se hace pie y saltan alborozados las olas. Lejos de la orilla vemos sobresalir del agua la cabeza de una persona que nada pausadamente mar adentro.

Finalmente, en el horizonte se adivinan inmensos trasatlánticos llenos de público que están de crucero.

¿Visto? Ahora si establecemos que el agua de mar representa la imaginación y la arena de la playa simboliza la lógica, el vaivén de las olas será la frontera indecisa que delimita donde acaba una y empieza la otra. Avanza y retrocede en función del clima social.

Empecemos por comprobar que a una gran mayoría el miedo a errar y hacer el ridículo, les ha llevado a decidir que lo de bañarse no es lo suyo y han renunciando a estar en nuestra playa imaginaria.

Los mil que están en la playa tumbados en las hamacas bajo las sombrillas toman el sol a prudencial distancia del mar. Sienten atracción por el agua pero ante el riesgo de arruinar su imagen y hacer el ridículo, se conforman con admirar y convivir con los nadadores. Aunque sólo hayan tomado el sol cuando regresen esperan aparentar haberse bañado ante aquellos que ni han venido.

La docena de personas que plantadas al límite de la arena dejan que las olas les bañen los pies, son los que les gusta la sensación de libertad del agua, les atrae mucho, pero les han explicado historias tan terribles sobre incidentes que no confían. No entran porque temen perder el control y ahogarse.

Los tres bañistas que se han metido hasta donde se hace pie y tranquilamente saltan olas son los que están ya en el penúltimo paso antes de echarse a nadar y experimentar donde ya no se hace pie.

La persona que nada mar a dentro en solitario es alguien que lo viene practicando desde hace tiempo y tiene la experiencia y conoce la técnica para correr el mínimo riesgo. Seguro que tarde o temprano volverá a la seguridad de la arena con los maravillosos frutos recolectados en mar abierto.

Finalmente, los cruceros del horizonte representan los grandes negocios “mass-media” que organizan visitas masivas al horizonte, a la imaginación más profunda y absoluta, aquella que a nado y de forma individual nadie podría alcanzar. La oferta de estos cruceros es; paseo inimaginable por el mar profundo sin correr riesgos y regreso garantizado a la hora convenida y sin peligro de mojarse ni un pelo. Quién no se moja no acumula experiencia ni progresa.

Hay que evitar cruzar innecesariamente la frontera ya que alguno se confió demasiado y se quedó colgado al otro lado. Pero para evitar riesgos ¿Dejaríamos de volar? ¿De navegar? ¿De conducir? ¿De vivir? ¿De imaginar?

Lo que se recomienda normalmente al principio es no alejarse demasiado de la orilla, moverse básicamente por la franja fronteriza entre el agua y la arena. Eso permite salir sin problema cuando se desee.

La lógica normalmente intenta evitar por todos los medios que nos compliquemos la vida y abandonemos el círculo de confort. La lógica emplea sin escrúpulos la sensatez como arma disuasoria. Si fuese por la lógica seguro que aún estaríamos en las cavernas. Imagino lo que le debieron decir los compañeros al miembro del grupo que en el paleolítico tonteaba con dos palos y frotándolos prometía que algún día haría fuego. Le debieron soltar cosas parecidas a estas; “Eso es imposible”. “Si se te enciende me avisas”. “Deja de decir tonterías”. “¿Tú eres Dios?”.

Imagina si ese antepasado común hubiera hecho caso a sus semejantes y se hubiera ceñido a la lógica limitadísima que obviamente tenían los del paleolítico. 

Comentarios

  1. Viva la imaginación! Imaginemos y volaremos! Hay que vivir con sentido... con valentía y aprovechar nuestro paso por el regalo de la vida!

    ResponderEliminar
  2. La vida ha de ser el parque de atracciones que nos haga felices. No es necesario montar siempre en el tren de la bruja.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Case history del primer Metaverso

Lliure pensament

L'Electroma que és?